martes, 23 de abril de 2013

La herida de las pérdidas


    Todas las personas han sufrido pérdidas. Algunas, las más dolorosas, por la pérdida de un ser querido que ha fallecido. Otras veces, por rupturas con amigos, desengaños amorosos,  amigos que se van a vivir a otros países… Así mismo, también hay duelos por pérdidas materiales: la pérdida de una casa,  de un trabajo, de objetos importantes para nosotros…

    Siempre que hay una pérdida  es necesario hacer un duelo. Al perder, nos conectamos con el vacío que deja aquello que hemos perdido,  y nos conecta inevitablemente con el dolor.

    Hay personas a las que les asusta esta sensación e intentan huir de ella, intentando llenar rápidamente ese vacío sin llegar a despedirse de aquello que han perdido. Esto mismo les impide disfrutar realmente de las nuevas cosas, porque, aunque no lo expresen, el dolor sigue ahí, y hasta que no se le dé espacio y pueda expresarse no se irá. 


    A veces las personas cuando conectan con el dolor, temen que se vayan a quedar ahí para siempre.  Se sienten vulnerables, indefensas, sin energía, y parece que nada tiene ya sentido y les es difícil continuar adelante.

    Pero como todo, el dolor también pasa. Paradójicamente, si le permites estar, si le permites expresarse,  se irá yendo. Por eso es importante que las personas puedan encontrar momentos para poder hablar de lo que pasó, de lo que significó para sus vidas, de cómo les afecta, y que puedan llorar su pérdida.

    Es lo que se denomina duelo. El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida. Y en esta adaptación, en este proceso de duelo, la persona pasa por varias fases:

·            Negación: No creerse lo que ha pasado. Pensar que en realidad no ha ocurrido.
·         Enfado: Por no poder evitar lo que se ha perdido. Muchas veces la persona se enfada con la persona que se ha ido.
·        Negociación: Se intenta negociar de una forma implícita para que se le devuelva aquello que ha perdido.
·          Depresión: tristeza, se empieza a tomar conciencia real de aquello que se ha ido.
·           Aceptación y reconciliación: La persona es capaz de aceptarlo e integrarlo.

     En estas fases,  no tiene por qué seguirse en este orden, pueden ir cambiando y regresando a una anterior, pero es necesario atravesarlas para poder integrar lo ocurrido en su vida diaria, y poder continuar con la misma de una forma saludable.

    El  proceso que se realiza en la terapia,  es el acompañamiento por estas fases, para que la persona entienda lo que le está ocurriendo y  pueda ir atravesándolas, y  para que pueda expresar sus emociones hasta llegar de nuevo a un equilibrio y afrontar el cambio que supone para su vida esta pérdida.