miércoles, 3 de julio de 2013

El perdón

Perdonar, ¿por qué es importante?

Cuando alguien nos ha hecho daño, no sentimos víctimas, tenemos sensación de sufrimiento, de injusticia, de rabia, de venganza….

Todos estos sentimientos, que, aunque son una reacción normal para protegerse de un “ataque” exterior, si se prolongan en el tiempo van a actuar en contra de nosotros mismos. Aquellas personas que no son capaces de perdonar, van a seguir enganchados a aquellas situaciones en las que se han sentido injustamente tratados, y van a recrear una y otra vez la escena en un intento de buscar una compensación.

Perdonar no es lo mismo que olvidar. Perdonar no es sinónimo de confiar. Perdonar significa que dejo de estar en la lucha, ya no estoy en la pelea tratando de que “pagues” por lo que hiciste para recuperar mi equilibrio.  Implica no desear venganza ni ningún mal hacia esa persona, simplemente dejarla seguir su camino. E implica poder ser libre yo también, para poder seguir el mío.



Para poder perdonar hay que entender a la otra persona. Poder escucharla, poder meterse en su piel (empatía) y sus circunstancias. Esto no quiere decir que justifiquemos su acción, ni que neguemos nuestros sentimientos. Tampoco quiere decir que no debamos protegernos, es bueno revisar en qué podemos haber influido nosotros para llegar a esa situación y podamos evitar situaciones parecidas en el futuro.

A menudo en el proceso de la terapia se hace necesario poder contactar con el perdón para poder seguir avanzando y limpiar relaciones que se han estancado fruto de la incomunicación. A veces implica una ruptura de la relación, porque el paciente prefiere seguir su camino solo, siente que ya se ha hecho todo lo que se podía hacer. Otras veces implica un saneamiento de la relación para poder volver a instaurar la confianza y la equidad en la misma.

Por otra parte, cuando se pide perdón, es importante hacer primero una reflexión. No tiene sentido pedir perdón si no se entiende qué es lo que le ha dolido o molestado al otro. Aquí, igualmente, hay que ser capaz de ponerse en la piel del otro. Y también, el deseo de que esa conducta que implica un daño en la otra persona no se vuelva a repetir, así como una restauración  (una compensación) del daño hecho.


También igual de importante que aprender a perdonar a otras personas, es aprender a perdonarse a uno mismo.